Hilvanaba un
pensamiento, de luz y de poesía
pensaba y se
extasiaba, inquieta el alma mía.
Un aura de
misterios, fugaces fantasías
silencios
evocados, ¡sombras repentinas!
Así marcaba el
tiempo, las horas de la vida
minutos
endiosados, segundos en cuclillas.
Todo era fugaz,
¡de pronto! y sin medida
¡la sombra del
minuto, crecía y se reía!
Oí la voz del
viento, en súplicas vertidas
“se está muriendo
lenta, aquella luna antigua”.
Y yo en la
penumbra, sintiendo que sentía
apresuré el
letargo, saciándome la huida.
Y me vestí de
ángel, gaviota y golondrina
azules y rosadas,
mis alas invertía.
Antes de que
cayera, en páramos la lira,
apacigüé el
minuto, ¡besándome la vida!
Oí la voz del
viento, en gratitud vertida
“parece que la
luna, despierta amanecida”.
Entonces la
secuencia, de ideas encendidas
se bautizó en
fragmentos, de luz y de poesía.
¡Y prosiguió muy
cautelosa, erguida el alma mía!
MIRIAM RAMOS RAMOS