Nocturnos-Romances

Romance de la luna y rio
La luna se lanzó desnuda al mar, en un final intento por descifrar, ¿cómo es que sin ahogarse navega el cielo en el mar? Recorrió los mares taciturna, bebió su espuma blanca, bajó hasta el río profundo y juró no regresar. No comprendió jamás, cómo es que el cielo no puede hundirse en el ancho mar.
La luna siguió la ruta del dulce río; no extrañó el agua salada del mar. Le ofreció su radiante luz a las piedras que jugaban con el río en soledad. Ella amó al río, no quiso regresar al mar, ni besar el cielo: su antigua cuna natal; pero el cielo descubrió su ruta, su estela mojada de lluvia raudal; abrió su espejo de nubes blancas y le robó su intento de fuga, su loco intento por navegar.
La luna desierta y distante, observa intranquila el mar. Sabe que el cielo lo arropa, ¡que el cielo se adueña del mar! Le guiña un ojo a su río, quien fue su aliado al viajar y sella con bruma su pacto, su pacto de fuga lunar.
La luna inicia un romance, romance perpetuo y fugaz, con el río profundo admirable, con el río que huye del mar...
Miriam Ramos Ramos